ARGENTINA: LA COSECHA 2020 Y LA PANDEMIA

ARGENTINA: LA COSECHA 2020 Y LA PANDEMIA

Habitualmente, los meses de marzo, abril y mayo son ideales para visitar las regiones vitivinícolas argentinas. Durante estas semanas es cuando podemos recorrer las bodegas y respirar la vendimia con su ritmo frenético y emocionante. Sin embargo el 2020 será recordado, entre muchas otras cosas, por habernos robado esa posibilidad y obligarnos a seguir desde las pantallas lo que sucedía en los viñedos. Así es, el Coronavirus también metió la cola en la industria del vino.

Un año atípico

Todos, absolutamente todos los habitantes del planeta vamos a recordar el 2020 como un años propio de la ciencia ficción. Cuarentena, barbijos y alcohol en gel por mencionar solo algunos de los tantos hashtags que marcan hasta hoy  nuestra vida también fueron tendencia en los viñedos argentinos. Por suerte, para cuando el gobierno impuso el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, las bodegas estaban listas como dice Alberto Arizu, Director de Luigi Bosca, “veníamos monitoreando el tema en Europa y eso nos dio tiempo de armar los protocolos de seguridad necesarios”.

Entonces comenzaron a llegar imágenes muy especiales desde los viñedos: cosechadores con mascarilla, distanciados según marcaba la ley y organizados de manera muy diferente a la postales felices que implica toda vendimia. Lo bueno es que las cosas salieron impecables y ninguna bodega reportó contagios durante la recolección de las uvas.

Una vez en la bodegas las cosas también fueron diferentes. Distanciamiento social, protocolos sanitarios, barbijos y alcohol sanitizante por doquier. “Lo importante en todo momento fue cuidar a nuestra gente y brindarles todos los recursos para que se sientan seguros y protegidos”, recuerda Hervé Bernie-Scott de Bodegas Chandon. Para el caso de esta bodega, incluso prepararon un corredor sanitario para el ingreso y egreso del personal mientras que en algunas bodegas montaron albergues temporarios para que los involucrados con la vendimia no tengan que desplazarse a sus casa y así minimizar los riesgos de contagio.

Sin dudas, un desafío inédito para el país ante el cual la industria vitivinícola estuvo a la altura de las circunstancias.
 
Lo bueno si breve…

Hasta aquí un capitulo de la cosecha 2020 en Argentina, ahora vayamos a lo importante, cómo estuvieron las uvas.

La campaña 2019/2020, recordemos que el inicio de la vendimia se marca desde la brotación en primavera, presentó condiciones muy particulares desde lo climático que generaron más corridas que el mismo virus.

Se trató de una vendimia seca y calurosa para gran parte del país que comenzó con las nevadas de invierno más pobres de las últimas décadas. Luego continuaría con bajas precipitaciones y registros récord para las temperaturas máximas en verano. De modo que el ciclo vegetativo de las plantas se vio, en primera instancia, acelerado y en detalle podemos decir que la madurez azucarina fue más veloz que la fenólica.

A todo esto se sumó una amplitud térmica mínima y antes que comience la cuarentena las bodegas ya estaban inmersas en una vendimia de tiempos record que finalizó a lo largo del país un mes antes de lo habitual. Incluso, alguno enólogos ya había levantado todas sus uvas antes del confinamiento.

En este sentido el primer inconveniente fue logístico, no es fácil ingresar el doble de uva al mismo tiempo y mucho menos cuando se dispone de menos personal que a la vez debe estar alejado y con contacto reducido. En este sentido, la tendencia de cosechar de manera más temprana que viene ganando adeptos en los últimos años sirvió de ejercicio para que nadie se lamente a la hora de recoger las uvas.

Si hubo menos uva, un 20% menos que en 2019 lo que representa un 30% menos de un año promedio. El motivo fue climático: heladas de primavera, granizo en zonas de gran productividad y la escasez de agua para riego. Lo menos malo de todo esto fue que la sanidad de los frutos fue impecable de modo que la calidad de las uvas se aseguró.

Si se sintetiza lo conversado con los enólogos de todo el país se puede concluir que los blancos prometen una calidad excepcional con vinos intensos, expresivos y de buen cuerpo, frescura ideal y quizás un poco mas de carácter que en cosechas anteriores. En cuanto a los tintos hay mucho entusiasmo con el malbec que logró madurar de manera óptima conservando buena acidez natural y cuerpo. El resto de los tintos, principalmente los Cabernet están en la misma línea y quizás se aprecie un nivel alcohólico algo más intenso, pero sin importar demasiado.

Por lo tanto, las bodegas argentinas hoy se encuentras trabajando con normalidad, descubando los primeros vinos y empezando las crianza de los tintos. Ahora todo está en manos del tiempo, que como bien sabemos es un amigo inseparable de los buenos vinos.