PEDROSA DE DUERO, EL PUEBLO DEL VINO

PEDROSA DE DUERO, EL PUEBLO DEL VINO

Pedrosa es el corazón vinícola de la Ribera de Duero, algo así como Pauillac en Medoc, en Burdeos, pero en pequeñito.

Situada en la provincia de Burgos, a cinco kilómetros de Roa, donde está la sede del Consejo Regulador de la denominación de origen, cuenta con tan sólo unos 400 habitantes y toda su actividad es vinícola. Según se sale de Roa hacia el pueblo empiezan los viñedos, marcados con carteles de las bodegas a las que pertenecen. Son cinco y muy famosas: Hermanos Pérez Pascuas-Viña Pedrosa, Carmelo Rodero, Viña Vilano, Pago de los Capellanes, y una, más reciente y pequeñita, Hermanos Páramo Arroyo.


En los años setenta, a diferencia de lo que sería su alter ego en Valladolid, Pesquera de Duero -donde se arrancaron casi todos los viñedos para plantar remolacha, que era más rentable-, en Pedrosa se quedaron con el viñedo. Sin regadío, prácticamente no había otra cosa. Su riqueza era el vino y ésta era más bien escasa.


Por entonces, todo el pueblo llevaba el vino a la cooperativa, que hoy es Viña Vilano. En 1980, los hermanos Pérez Pascuas montaron su propia bodega. Y en 1982 se convirtieron en fundadores de la denominación de origen Ribera de Duero. Carmelo Rodero dejó la cooperativa poco después, para vender sus espectaculares uvas a otras firmas por mucho más precio, hasta que en 1989 fundaron su propia bodega con éxito.

 

Otro Rodero, Francisco, que emigró a Cataluña, donde triunfó en el textil, volvió a casa y fundó Pago de los Capellanes, e inmediatamente saltó a la fama. A su vez, la cooperativa, que entró enseguida en la D.O., se modernizó, profesionalizó su gestión, contrató un enólogo de prestigio y ahora es un gran referente de vino de alto nivel, mientras empieza a elaborar vinos de finca que darán que hablar. Por su parte, la familia Páramo Arroyo, dedicada a la viticultura y venta de uvas, comenzó a elaborar su propio vino en el 2000.


"Una de las características más marcadas de los vinos de este pueblo es su carácter atlántico", explica José Manuel Pérez Ovejas, al frente de los Viña Pedrosa. "Al estar a 844 metros de altura, son vinos con más frescura, de maduración más lenta, lo que les hace más finos y elegantes, longevos, de guarda". La concentración, la presencia de buena fruta roja, es otra de las señas de identidad de estos vinos, que en su mayoría proceden de viñedos muy viejos.